Una persona que no puede aguantar las ganas de hacer pipí.

Muchos pacientes llegan a consulta tras investigar síntomas como: «se me escapa un poco de pipí cuando toso, me río fuerte o corro para coger el autobús». Aunque es común, este tema tabú a menudo se vive en silencio. 

Esta guía analiza la incontinencia urinaria y soluciones no invasivas, ofreciendo una herramienta práctica para ti y tus pacientes.

¿Qué es la incontinencia urinaria?

La incontinencia urinaria es la pérdida involuntaria de orina. Tus pacientes suelen describirlo de forma simple: orinar sin querer hacerlo, ya sea una gotita al estornudar o una cantidad mayor sin apenas previo aviso.

No es una afección grave en términos de riesgo vital, pero sí tiene un impacto enorme en la calidad de vida: cambia la forma de vestir, de hacer deporte, de reír sin miedo o de dormir del tirón. 

Es, además, un problema muy infradiagnosticado. Gran parte de las personas afectadas no lo consulta con un profesional por vergüenza o por asumirlo como algo normal e irreversible. Esto hace que muchas lleguen a tu consulta después de años de convivir con el síntoma en silencio.   

¿Qué es lo que provoca la incontinencia urinaria?

La hamaca del suelo pélvico cómo funciona tu cuerpo
La hamaca del suelo pélvico cómo funciona tu cuerpo

La continencia (capacidad de retener la orina) depende de un equilibrio entre varios músculos: la vejiga (que almacena la orina), la uretra (por donde sale) y el suelo pélvico. Este último es un conjunto de músculos que sostiene la vejiga como si fuera una hamaca.

Cuando alguna de estas piezas falla, aparecen las pérdidas. Las causas más frecuentes que vas a encontrar en consulta son:

¿Cuáles son sus síntomas?

Los síntomas varían según la causa, pero los más habituales que vas a escuchar de tus pacientes son:

Cuando un paciente se identifica con más de uno de estos puntos, es probable que esté lidiando con más de un tipo de incontinencia a la vez, algo mucho más común de lo que parece y que conviene tener presente al momento de armar el plan de tratamiento.

Tipos de incontinencia urinaria: ¿Cuál está experimentando tu paciente?

Identificar el tipo es el primer paso para orientar el tratamiento más adecuado.

Incontinencia de esfuerzo (pérdidas al toser, reír o hacer ejercicio)

Es el tipo más frecuente, sobre todo en mujeres. Ocurre cuando cualquier esfuerzo físico (toser, saltar, levantar peso) genera una presión que el suelo pélvico ya no puede contener.

La causa suele ser un suelo pélvico debilitado que ya no sostiene bien la uretra contra el hueso púbico. Sin ese soporte, cualquier golpe de presión hacia abajo, como el de un estornudo, empuja la orina hacia afuera antes de que el cuerpo pueda reaccionar.

Incontinencia de urgencia (el deseo repentino e incontrolable)

Aquí el problema no es el esfuerzo, sino una vejiga que se contrae sola. El paciente siente unas ganas urgentes de orinar y, si no llega a tiempo al baño, se produce el escape.

Suele estar asociada a la vejiga hiperactiva, donde los músculos se activan antes de tiempo, incluso cuando aún no está llena. Es como si la alarma de «vejiga llena» saltara en falso.

Incontinencia mixta (la combinación de esfuerzo y urgencia)

La incontinencia mixta combina los dos escenarios anteriores: hay pérdidas tanto por esfuerzo como por urgencia repentina. Es, de hecho, el tipo que más se ve en consulta, ya que cuando uno de los dos sistemas falla, es habitual que el otro también se resienta con el tiempo. 

Incontinencia funcional

En este caso, el sistema urinario funciona bien, pero una barrera física o cognitiva impide llegar a tiempo al baño. Es habitual en pacientes con movilidad reducida o ciertas condiciones neurológicas.  

Pérdida de orina sin darse cuenta (incontinencia por rebosamiento o refleja)

Cuando un paciente refiere una pérdida de orina sin darse cuenta, en forma de goteo constante, puede tratarse de una vejiga que no llega a vaciarse del todo por una obstrucción o por falta de fuerza muscular. El exceso termina saliendo solo, gota a gota, sin ningún aviso previo. 

Incontinencia urinaria en mujeres

Hay dos etapas de la vida de tus pacientes mujeres que suelen marcar un antes y un después.

Embarazo y posparto: El impacto en el suelo pélvico

Durante el embarazo, el peso del bebé y los cambios hormonales aumentan la carga sobre el suelo pélvico mes a mes. El parto vaginal, en particular, puede debilitar aún más esta musculatura, generando pequeños desgarros en los tejidos que sostienen la vejiga y afectando al nervio que la controla. 

Por eso es tan habitual que tus pacientes noten pérdidas de orina en el posparto, incluso meses después de dar a luz: el suelo pélvico necesita tiempo, y a veces ayuda extra, para recuperar su fuerza original. 

Pérdidas de orina a los 40 y la transición hacia la menopausia

No hace falta esperar a la menopausia para que una paciente note cambios. Muchas empiezan con pérdidas de orina a los 40, cuando los niveles hormonales comienzan a variar de forma progresiva: los estrógenos ayudan a mantener elásticos y bien irrigados los tejidos de la vejiga y la uretra, y cuando empiezan a bajar, esos tejidos pierden firmeza. 

Esta primera etapa suele pasar desapercibida para la propia paciente porque se confunde con cansancio o «cosas de la edad», así que vale la pena preguntar activamente en consulta antes de que el suelo pélvico pierda más tono. 

Incontinencia urinaria en hombres

Incontinencia masculina soluciones y esperanza
Incontinencia masculina soluciones y esperanza

Aunque se habla menos de ello, la incontinencia urinaria en hombres también es frecuente, sobre todo a partir de cierta edad. 

El papel de la próstata y las secuelas quirúrgicas

El agrandamiento de la próstata puede dificultar el vaciado completo de la vejiga y provocar goteo o pérdidas por rebosamiento. La vejiga, para compensar, tiene que esforzarse más de lo normal en cada micción, y con el tiempo ese sobreesfuerzo termina por debilitarla en lugar de fortalecerla.

Además, tras una cirugía de próstata es habitual que el paciente pase por una etapa de incontinencia mientras el cuerpo se recupera y reeduca la zona: la intervención puede afectar temporalmente al esfínter que actúa como «llave» para retener la orina, y esa función se va recuperando poco a poco con el entrenamiento adecuado.

Tratamiento de la incontinencia urinaria: ¿Es curable?

La buena noticia, la que le puedes transmitir a cada paciente, es que sí: en la gran mayoría de los casos, la incontinencia urinaria tiene tratamiento y mejora notablemente. La opción adecuada depende del tipo y de la causa, y muchas veces se empieza por lo menos invasivo. 

1. Cambios en el estilo de vida y reentrenamiento de la vejiga

El primer paso suele ser controlar la cantidad de líquido, reducir el café y el alcohol, y entrenar a la vejiga para aguantar cada vez un poco más entre visitas al baño. 

2. Fortalecimiento del suelo pélvico (los famosos ejercicios de Kegel)

Es la opción más conocida y funciona bien cuando se hace correctamente. El problema, como seguramente ya notes en consulta, es que buena parte de los pacientes lo hace mal sin saberlo, contrayendo el abdomen o los glúteos en lugar del suelo pélvico. 

A esto se suma que hace falta constancia durante meses para notar resultados, y la tasa de abandono de los programas domiciliarios es alta. 

3. Opciones médicas avanzadas (fármacos, pesarios y cirugías con mallas suburetrales)

Cuando lo anterior no es suficiente, existen tratamientos farmacológicos, dispositivos como los pesarios o, en casos más severos, cirugías como la implantación de mallas suburetrales. Son opciones eficaces, pero más invasivas y con un periodo de recuperación a tener en cuenta

Silla PelviX: la tecnología que puedes incorporar a tu consulta 

En ROI Health & Fitness somos especialistas en tecnología para la salud del suelo pélvico

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La estimulación electromagnética del suelo pélvico, la tecnología detrás de la silla PelviX.

A diferencia del entrenamiento manual, que depende de que el paciente ejecute bien el ejercicio.

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