
Esta guía repasa el Entrenamiento de los Músculos del Suelo Pélvico (EMSP). Además, de cómo la estimulación magnética funcional se posiciona como acelerador de esa terapia física conservadora para la incontinencia urinaria.
Una patología con la que solo en España se estima que más de 6 millones conviven con algún grado de pérdidas de orina.
¿Cuáles son los ejercicios para la incontinencia urinaria?
Son los ejercicios conocidos popularmente como ejercicios de Kegel.
Hay que diferenciarlos de los hipopresivos, ya que los Kegel se basan en la contracción voluntaria y directa de los músculos del suelo pélvico. Mientras que los hipopresivos utilizan técnicas de respiración y posturas específicas para reducir la presión abdominal, activando el suelo pélvico de forma refleja.
Son mecanismos de acción distintos, y vale la pena que tu paciente entienda la diferencia antes de empezar cualquiera de los dos.
El primer paso al indicar Kegel es asegurarte de que el paciente identifique el músculo correcto: el suelo pélvico (músculo pubococcígeo).
La referencia que puedes dar en consulta es imaginar que se está intentando cortar el chorro de pipí a mitad de la micción, o aguantar unos gases, sin apretar a la vez la barriga, los glúteos o los muslos. Esa sensación de «tirar hacia adentro y hacia arriba» es la que el paciente tiene que aprender a reconocer.
Una vez identificado el músculo, el protocolo base que indicas es el siguiente:
- Contraer el suelo pélvico y mantener la tensión durante 5 segundos.
- Relajar completamente durante otros 5 segundos.
- Repetir este ciclo 10 veces seguidas. Eso es 1 serie.
- Sumar también contracciones rápidas: apretar y soltar de golpe, sin mantener, en series de 10, para entrenar la reacción refleja del músculo ante un estornudo o una tos repentina.
- Progresar desde decúbito supino (posición más fácil, con menor carga gravitatoria) hacia sedestación y bipedestación, más exigentes.
La maniobra de anticipación (contraer el suelo pélvico un segundo antes de toser, estornudar o levantar peso) es un elemento clave del protocolo, ya que protege la uretra en el momento justo en que más lo necesita.
Errores frecuentes que conviene corregir en consulta:
- Activación de glúteos, muslos o abdomen en lugar del suelo pélvico: es el fallo más común.
- Pujo inverso (empujar hacia abajo en lugar de contraer hacia arriba): contraproducente, puede agravar las pérdidas.
- Expectativas de resultados en «quince días»: los primeros cambios se notan entre las 5 y 6 semanas, y la consolidación del tono lleva de 4 a 6 meses. La falta de adherencia en este período es, como vas a ver más abajo, la principal causa de fracaso del tratamiento autónomo.
Ejercicios para la incontinencia urinaria en la mujer
El suelo pélvico femenino atraviesa momentos especialmente exigentes a lo largo de la vida de tu paciente: el embarazo, el parto y, más adelante, la menopausia, donde la caída de estrógenos debilita aún más el soporte de la uretra. Por eso, en pacientes mujeres, además de la rutina base, conviene indicar:
- 1 a 2 series diarias de contracciones lentas y rápidas, idealmente en distintos momentos del día.
- Refuerzo específico de la contracción de anticipación antes de toser, reír o levantar peso (al bebé, bolsas de compra).
- En pacientes en postparto reciente, respetar los plazos de cicatrización: inicio de ejercicios activos a partir de las 6 semanas tras parto vaginal y 8 tras cesárea, y siempre condicionado al alta médica para actividad física.
Ejercicios para evitar la incontinencia urinaria en hombres (post-operación de próstata)

En pacientes varones, la causa más frecuente de incontinencia no es el suelo pélvico en sí, sino el esfínter urinario: el músculo que actúa como «llave» para cerrar el paso de la orina.
Cuando se opera la próstata (por cáncer o por hiperplasia benigna), ese esfínter queda temporalmente debilitado, y el ejercicio activo precoz acelera de forma significativa la recuperación del control.
La referencia para que el paciente identifique el músculo correcto es la misma que en mujeres: imaginar que se está intentando frenar gases, o cortar el chorro de pipí a mitad de la micción, sin tensar abdomen ni glúteos.
A partir de ahí, se indica el mismo esquema de contracción de 5 segundos + descanso de 5 segundos, en series de 10, comenzando lo antes posible tras la cirugía y siempre con indicación del equipo médico. Cuanto antes se inicie el protocolo, mejor suele ser la respuesta.
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Con un protocolo de 6 a 8 sesiones de 22 minutos se pueden lograr grandes resultados, algo que el entrenamiento autónomo requeriría meses de constancia impecable, sin pujo inverso ni compensaciones.
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